Reflexiones sobre la fotografía y lo fotográfico

El siguiente ensayo está escrito al hilo del texto de Geoffrey Batchen “Ectoplasm: Photography in the digital Age” incluído en el libro Over exposed, Essays on contemporary Photograph editado por Carol Squiers

 

LA TECNOIMAGEN O ¿POR QUÉ NO ESTARÍA MUERTA EPISTEMOLÓGICAMENTE LA FOTOGRAFÍA?

Fotograma de la película “El hombre de la cámara” de Dziga Vertov (1929)

Desde su nacimiento -y tal vez como ironía- lo fotográfico estuvo obligado a convivir con el concepto de muerte. Al ofrecer una manera supuestamente más objetiva y veraz de acceder a lo real, ha sido señalado como el más evidente asesino de la pintura. Absorbido por la dinámica del mercado, la popularización del retrato fotográfico exigió a sus fotografiados que se acercaran a una experiencia de micro-muerte, ya que el “exceso de vida” suponía un problema técnico: el movimiento natural del cuerpo humano, en relación al tiempo largo de exposición que necesitaban los primeros aparatos, producía indeseables imágenes borrosas y fantasmagóricas. Para eternizarse vivo, uno debería actuar como muerto. Por otro lado, abundan los registros de muertos como muertos, es decir, fotografías que permitían que aquellos que se fueron, de alguna manera, siguieran entre los vivos. En el campo teórico, Roland Barthes le otorga el don de sobrevivir a la propia muerte, a la vez que la clasifica como recordatorio de la mortalidad humana. Sobre la naturaleza indéxica de la imagen fotográfica – referente, que (d)enuncia que la cosa fotografiada estuvo ahí – encuentra la especificidad de esta tipología de imagen en medio de otras tantas formas de producción visual.

 

Sin embargo, frente a las posibilidades ofrecidas por los medios contemporáneos de producir imágenes sin este referente, ¿sigue siendo posible hablar de fotografía? ¿No sería ésta la hora de anunciar su muerte? Lejos de contribuir a una visión catastrófica de los medios, que a menudo se comprueban demasiado simplistas, coincidimos con Geoffrey Batchen que, en “Ectoplasm: Photography en Digital Age”, opta por abordar el momento actual de lo fotográfico a través de la idea de “crisis”.

 

La irrupción de la fotografía digital parece que nos empuja a replantearnos conceptos clave como la representación o el realismo. ¿Pero existe realmente un cambio de paradigma radical entre la fotografía tradicional y la digital? La respuesta no parece clara. Para Manovich, en su texto “The Paradoxes of Digital Photography”, la lógica de la imagen digital es paradójica: parece destruir la fotografía mientras que refuerza lo fotográfico. De esta manera nos hallaríamos en el terreno de lo que se ha llamado la fotografía después de la fotografía, o incluso de la postfotografía. Pero, ¿cómo es posible hablar de lo fotográfico sin referirnos a la fotografía?

 

Las nuevas tecnologías basadas en la computación permiten no solo retocar y modificar fotografías, sino también crear imágenes desde la nada, usando código informático. Las imágenes resultantes son indistinguibles en aspecto y calidad de las fotografías tradicionales, pero la principal diferencia es que mientras que la fotografía reivindica cierta objetividad -algo así como ser un medio de mostración de la realidad- la imagen digital es el resultado de un proceso ficcional, mucho más cercano a la acción creativa del arte que a los valores documentales. Esta imagen digital busca causar una sensación realista, de credibilidad, de fascinación ilusoria. Tomamos la fotografía como la verdad visual y por ello lo fotográfico se convierte en lo más apropiado para generar el pacto de ilusión, el acuerdo cultural entre emisor y receptor en el cual se establece la credibilidad de la representación. Para generar esto, nos basamos en las construcciones propias del modo de uso de lo fotográfico. ¿Por qué? En la cultura moderna hay una fuerte convicción de tomar la visión fotográfica como objetiva o realista. Pongamos el ejemplo de los efectos especiales generados por ordenador en el mundo del cine. Se tiende siempre a envestir de cualidades fotográficas a las imágenes digitales: profundidad de campo, incidencia de la luz, etc. Esto quiere decir que seguimos usando la lógica fotográfica a la hora de producir y recibir imágenes digitales. La ilusión de realidad se sigue buscando en el realismo fotográfico.

 

Pero la fotografía misma nace con la idea de manipulación. Manipulación de la luz, privilegiar ese fragmento del mundo que es el encuadre o transformar las tres dimensiones en dos, es ya una forma de adulterar la realidad. Es nuestro pensamiento el que crea la posibilidad tecnológica, pero éste a su vez se ve influenciado por ella. La fotografía, como una tecnología, influye en nuestra forma de percibir la realidad, no solo mostrándonos imágenes que pueden ser falsas, sino educando nuestra manera de mirar y conceptualizar la existencia. Por ejemplo, presentando el tiempo como una secuencia lineal de momentos interrelacionados.

 

De acuerdo con Roland Barthes en La cámara Lúcida, el carácter real de la fotografía no tendría tanto que ver con la apariencia -que la imagen sea fiel al modelo representado-, como con la presencia -que haya existido ese modelo, en un espacio y un tiempo determinado-. En este orden de ideas, la realidad puede haber sido transcrita, ensalzada o manipulada en la fotografía, pero ésta no desata ninguna duda acerca de la existencia de esa realidad. Mientras que Susan Sontag describía la fotografía como “something directly stenciled off the real”, la tecnología de la computación permite crear imágenes que no tienen un referente directo en la realidad, pero que sí guardan una similitud con el aspecto de la fotografía. Según Batchen las imágenes digitales no son signo de la realidad, sino signo de un signo, son una representación de lo que ya se percibe como una serie de representaciones. Una copia de una copia. Cuando se defiende a la fotografía de la incursión de lo digital, no es tanto la fotografía lo que se intenta defender, sino la propia existencia de lo real.

 

Aquí se sitúa el debate de cómo distinguir lo real de lo falso, como saber cuándo una fotografía está mostrando una imagen verdadera de una que no lo es, pero más allá de este debate existe otro de una radicalidad mayor que cuestiona la posibilidad de existencia de un mundo real. Naturaleza / cultura, humano / máquina, realidad / representación, muchos pares de conceptos sobre los que descansa nuestra forma de ver el mundo parecen estar entrando en crisis en un momento en el que parece que nos encaminamos a vivir en una gran naturaleza artificial.

 

Así pues, la fotografía no estaría muerta pistemológicamente porque su uso cultural no habría cambiado. Las técnicas de manipulación digital, que parecía que iban a crear una brecha entre la fotografía analógica y su veracidad con respecto al carácter ficticio de lo digital, han mostrado que desde su génesis la fotografía se ha basado en la idea de manipulación y que no existe una objetividad latente en el medio fotográfico. Y sin embargo seguimos fuertemente atados a su poder de seducción de lo real, como si lo fotográfico, su sistema y su código, fueran la única vía para generar cualidades ilusorias efectivas. ¿Seguirá siendo así en el futuro?

 

Evidentemente, estas rupturas y continuidades que experimentamos en relación a lo fotográfico también suponen un cambio que va más allá de la dimensión productiva; por un lado respecto a la producción de imágenes digitales sin referente, y por otro, en cómo afectan a la configuración de un nuevo espectador. Vilém Flusser en “Images in New Media” se refiere al estatuto de las imágenes en la era postindustrial también desde la dimensión de la recepción. Una revolución cultural estaría en curso: como usuarios de “disembodied surfaces” nos convertimos en espectadores inmuebles. Sobre estas superficies se imprimen y transitan imágenes que pueden convertirnos en diseñadores de significados: significados políticos, epistemológicos y estéticos. Los nuevos medios, a partir de la capacidad de proponer nuevos procesos participativos, enfrentan un posible e importante desafío: ¿cómo se piensa con imágenes? ¿cómo construir la crítica de imágenes a través de imágenes? ¿cómo derrotar la opacidad de los medios para disfrutar plenamente de su potencial democrático? Tras la profunda crisis del individuo moderno y sus valores culturales, ¿será posible convencernos de otro tipo de realidad visual más allá de los preceptos de lo fotográfico? Quizás nos estemos encaminando a lo que sería una nueva mirada, una visión cyborg, basado en los nuevos planteamientos surgidos de la relación con los nuevos medios digitales y sus propiedades.

Miguel Juristo, Yuji Kawasima y Eva Parra

Este texto está disponible en formato PDF: La tecnoimagen
El artículo  de Geoffrey Batchen “Ectoplasm: Photography in the digital Age” se puede encontrar aquí.

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